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La olvidada lana

La fibra de lana tiene cualidades extraordinarias. Es aislante, regula la humedad del cuerpo absorbiéndola y de ella se extrae la lanolina, grasa apreciada en cosmética por sus cualidades hidratantes.

En tiempos de los Reyes Católicos la lana de oveja era un bien apreciado y valioso; con ella se financiaron los viajes de Colón a encontrar las “Indias americanas”. ¿Qué pasó desde entonces para relegar al olvido algo tan fundamental en la economía española?.
Pequeños rebaños de ovejas Merinas se regalaron durante años a otras casas reales y personajes influyentes, dispersándose la raza por todo el mundo, donde fue seleccionada y aprovechado su potencial. Si se consultan los principales países productores de lana fina en la actualidad, se encontrarán Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda o Argentina.

Un poco de historia.
El Marqués de Santa Cruz de Marcenado (1684-1732) en su Rapsodia económico política monárquica, recomendaba varios “proyectos” para el buen desarrollo del país. Proponía mejorar las comunicaciones internas y externas de forma que se facilitara el tránsito de mercancías, así como reducir los costes de las materias primas para que los productos nacionales fueran más competitivos. A este respecto sugería dar porción de Sal a los Rebaños de Merinas de un señalado número de cabezas ya que – “de este modo se esforzarían los interesados a mantener cumplido, y se aumentarían nuestras Lanas, que es uno de los principales Tesoros de España”-.
Sobre las fábricas advertía que no se debía cometer el error de dar “la Lana y el Pelo” (fibras de calidad) a los extranjeros para que nos retornaran los Paños acabados. También propuso unificar medidas y pesos y expresó preocupaciones medioambientales avanzadas a su tiempo.

La revolución industrial y social.
Cayeron en saco roto los consejos de Don Álvaro Navia Osorio, bien por el acomodo al oro de ultramar, bien por la entrada en escena del algodón y la incipiente revolución tecnológica, que barrieron de nuestro mapa el desarrollo de las prometedoras manufacturas laneras. Se “democratizó” el acceso a los tejidos. Dejó de ser necesario zurcir el ajuar y dejarlo en herencia. Pero con el algodón llegó también la mano de obra esclava y la injusticia social desmesurada.

Recuperar la lana.
Hoy día quedan pocas empresas textiles en España y menos aun artesanales. Sobreviven en un rincón de Astorga unos pocos maestros artesanos del hilado y el telar, como irreductibles galos en su aldea, pero el tiempo los va reduciendo.
En Asturias tenemos la oveya Xalda, raza antigua –céltica- y rústica. La lana es multicolor, basta e impenetrable; buena para rellenos, alfombras, acolchar la huerta o hilar la más blanca, que suele ser la que mejor se deja manejar.
Para lavarla se remoja con jabón natural (de sosa y aceite) en agua caliente. Se hace un segundo remojado con vinagre y se aclara bien, mejor en algún lavadero de esos que los ayuntamientos arreglaron para volver al abandono. Porque lana hay mucha... en los contenedores de basura.
Si, como yo, se tiene la suerte de tener vecinos generosos, no será difícil conseguir unos vellones. Para domar la lana sólo hace falta paciencia y perseverancia, pero es un pequeño esfuerzo que puede cambiar el mundo (al menos el propio).

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