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El placer de caminar: Buscando el equilibrio.

Mens sana in corpore sano.
Decir a estas alturas del siglo XXI que las personas deben buscar un equilibrio entre su cuerpo y su mente es una obviedad absoluta. Un poeta latino llamado Décimo Junio Juvenal, escribió en una de sus sátiras una frase que habría de quedar grabada para la posteridad: “Mens sana in corpore sano” o lo que es lo mismo: “Una mente sana en un cuerpo sano”. Los romanos tomaron estas recomendaciones muy a la ligera e hicieron poco caso al pobre Juvenal.
Sin embargo, hoy nadie duda de la influencia de la mente sobre el organismo y viceversa. La marcha representa uno de los mejores medios de mantenerse en forma y de estar ágil, pasándolo bien al mismo tiempo y contribuyendo al equilibrio entre la mente y el cuerpo.

Descubre el placer de caminar.
Sin coche, autobús, tren, metro o avión, nuestros antepasados recorrían diariamente largas distancias para ir a la escuela, a los campos, o a cortejar a las jóvenes del pueblo vecino. Y se encontraban física y mentalmente bien.
Hoy a nosotros, ciudadanos barrigudos, nerviosos y estresados, nos ofrecen entrenamientos maratonianos, con sofisticadas máquinas de ejercicio o sesiones de salón con impresionantes culturistas, donde los sofocos, los sudores y los costes económicos elevados están asegurados. A menudo, esta actividad produce más tensión que buenos resultados para estar en forma. Esta moda de estar en buena forma, descarta casi siempre la actividad física más sencilla y natural: la marcha a pie, porque es difícilmente comercializable en una época donde todo va dirigido a los consumidores.
Sin embargo, todas las autoridades médicas están de acuerdo en decir que el caminar es uno de los mejores y más completos ejercicios que existen para mejorar la salud física y mental.
El cuerpo está hecho para andar.
He aquí una lista de síntomas muy corrientes: rigidez en la nuca, dolores de cabeza, problemas gástricos, dolores lumbares, irritabilidad, cansancio psicológico… Si usted siente todos estos síntomas, es probable que padezca “la enfermedad del sillón”. Aunque a primera vista nos parece más confortable, la “posición sentada” continua y repetida es nefasta para el organismo.
Esta postura impone al cuerpo una lucha constante contra la gravedad, ya que cuando se está sentado en la oficina, la parte superior del cuerpo se encuentre inclinada hacia delante, ocasionando tensiones en la columna vertebral. Frente a este estrés, el cuerpo se adapta… con los resultados conocidos ya descritos anteriormente.
La posición “de pie” es menos dañina, pero la más conveniente es la posición “de marcha”. El cuerpo está hecho para andar, para estar en movimiento, pero no para correr. Andando es como la estructura esquelética y muscular encuentra su equilibrio y se ajusta mejor a la gravedad.

Un ejercicio completo.
El mirar escaparates, las idas y venidas en la casa o en el supermercado no son suficientes para mejorar su salud. Con mucha frecuencia resultan incluso agotadores. Para hacer de la marcha un ejercicio revigorizante, hay que poner entusiasmo, entregarse a ello de manera regular y a un ritmo natural y mantenido. Como dicen los expertos: “Hay que ser conscientes del esfuerzo sin experimentar molestias o incomodidad.” Si no puede mantener una conversación sin agotarse mientras camina, es que anda demasiado deprisa. Sin pereza, alargue ligeramente su paso habitual y respire profundamente: encontrará su propio ritmo personal.
La marcha es un ejercicio completo. He aquí una breve lista de sus efectos positivos sobre la salud:
- Aumenta el tono muscular, sobre todo de los miembros inferiores, pero también del abdomen, de la espalda, los hombros y los brazos.
- Mejora el sistema cardiovascular, pues regula la circulación, hace la respiración más profunda, oxigena mejor la sangre, disminuye los riesgos de infarto, de arterosclerosis, de varices y aumenta la resistencia del organismo la enfermedad.
- Facilita la digestión y mejora el estreñimiento por el movimiento de masaje trasmitido por las vibraciones de los pasos al hígado, al páncreas, al bazo y a los intestinos.
- Mantiene la salud del cartílago articular y favorece una mejor postura.
- Ayuda al control del peso disminuyendo la inactividad y liberando los residuos y las toxinas.
Practicada de una manera regular, una marcha diaria de media hora a una velocidad de 5 ó 6 km/h puede hacer perder siete kilos en un año. Para una misma distancia, la marcha activa consume casi tantas calorías como la carrera.

Andar libera el espíritu.
La marcha combate no sólo el anquilosamiento del cuerpo, sino también el del espíritu. El mundo tecnológico en el que vivimos, y en particular el del medio urbano, aumentan el desequilibrio entre el cuerpo y el espíritu, favoreciendo la inactividad física y estimulando en exceso la ansiedad.
Las contracturas musculares, las migrañas y la tensión sanguínea elevada son los tres síntomas más frecuentes de tensión nerviosa. Algunas experiencias medidas en laboratorio han demostrado que una de las funciones más importantes de la marcha es la de liberar la tensión nerviosa, ofreciendo una salida a las emociones reprimidas, a las preocupaciones domésticas y financieras, a las insatisfacciones relacionadas con el trabajo y a todos los problemas diarios.
A medida que tomamos conciencia del cuerpo, del esfuerzo físico realizado y sobre todo gracias al automatismo de los movimientos, la marcha fortalece el espíritu. Favorece una visión de las cosas bajo nuevas perspectivas, permite al pensamiento el acceso un plano más imaginativo y ayuda a ver con claridad y facilidad problemas que parecían insuperables.
A largo plazo, los que practican la marcha afirman que sienten un bienestar en aumento, la impresión de vivir más, de tener más energía y de realizar un trabajo más productivo y creador.

Pensamientos positivos.
Los psicólogos han observado que el andar produce, en la casi totalidad de la gente, pensamientos positivos. El hecho de ir de un sitio a otro, de recorrer un itinerario agradable y de llegar sólo a un lugar por sus propios medios físicos, constituye por sí mismo una fuente de satisfacción y de realización. Lleva asociados otros sentimientos constructivos como la motivación, la paciencia, la exaltación, la autoafirmación, la colaboración, la amistad, el éxito y una mejor imagen de sí mismo, en particular si se nota una mejoría de salud y de aspecto.

El placer de caminar con tu pareja.
Si la marcha genera pensamientos agradables, es que las experiencias placenteras van unidas a ella. No hay nada mejor que un paseo, sobre todo en plena naturaleza, para consolidar la intimidad de una pareja. El contacto de los dedos entrelazados, de la proximidad de los cuerpos cogidos por el brazo, balanceándose con la misma cadencia, produce una sensación de calor, un sentimiento de armonía y de seguridad afectiva que facilita la expresión de emociones profundas.
Si tu caso, lector, es el mismo que el de tantas parejas, agobiadas por los niños, las tareas sin hacer, el trabajo, el teléfono, la tele, internet, etc.., entonces, resérvate un rato para ir a caminar con tu cónyuge. Es el regalo perfecto de la pareja para preservar una relación amorosa. Este será el momento de consolidar un vínculo descuidado o simplemente de aprovechar la energía y el amor trasmitidos por la compañía del otro.

Caminando por múltiples motivos.
El andar puede ser también un placer que uno se ofrece a sí mismo. Un momento de soledad esencial para reflexionar y meditar sobre la evolución personal, lejos de la confusión, para hacer balance y volver a encontrar el propio ritmo.
De paseo, estamos en una mejor predisposición para despertar los sentidos a la belleza y a los recursos del entorno. La marcha da lugar a situaciones divertidas, a encuentros y experiencias inesperadas. A la gente, por lo general, le suelen caer bien los que practican la marcha y les dirigen fácilmente la palabra.
Es posible que ese vecino, a quien nunca hablamos en el metro, se descubra como alguien muy interesante, tras hacer una parte del camino con él. La marcha se combina con toda clase de actividades al aire libre. Cada cual, solo o en grupo, puede añadir al placer de andar, el de entregarse actividades varias según su humor y sus intereses: exploración de la arquitectura local, visita de parajes históricos, observación o fotografía de pájaros, flores, etc.
Pero podemos andar, simplemente, para dejar que nuestros sentidos se impregnen de todo lo que les rodea: la lluvia, el sol, la nieve, la brisa y aprovechar al máximo el encanto de las estaciones. O también para conocer un amigo, o para demostrar nuestro amor a un niño en quien estos recuerda permanecerán imborrables. O sencillamente para sentirse vivo, parte integrante de la naturaleza.

Un deporte democrático.
La marcha está hecha para todo el mundo. Es el más sencillo, el más económico, el menos violento y el más relajante de todos los deportes. Se practica en cualquier sitio y en cualquier momento. Es uno de los ejercicios más completos y más armoniosos ya que sus beneficiosos efectos se hacen notar tanto en el plano fisiológico y psicológico como en el social. Es la actividad que mejor se integra en la vida cotidiana, pues no exige ninguna planificación ni equipo especial.
¿No se siente con ganas de ponerse manos a la obra? Sepa que es el ejercicio con menos contraindicaciones. Incluso si padece enfermedades cardiacas, artritis, enfisema, obesidad o hipertensión, la marcha es una excelente terapia. Y además, sería de masoquistas privarse de tal placer. Coja una mano amiga, deje que su cuerpo y su corazón se fundan con la naturaleza y disfrute, de esta manera, de unas mini vacaciones todos los días del año.

Autor: Nuestro Psicólogo en Madrid
https://nuestropsicologoenmadrid.com

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