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Conozcamos La Psicoterapia EMDR

Al profundizar en el estudio de la psicoterapia EMDR, encuentro similitudes y diferencias con otros paradigmas, es una psicoterapia completa que integra los conocimientos de otros modelos. Se basa en la “técnica de exposición al trauma en imaginación” del modelo cognitivo- conductual pero es más efectiva porque el sujeto no tiene que describir con detalle la experiencia traumática, con lo cual no existe una retraumatización. Fundamenta el origen de los trastornos psicológicos en la vivencia de experiencias “traumáticas”. Por otro lado, EMDR atiente a “la teoría del procesamiento de la información” en el reprocesamiento de los traumas a nivel cerebral. Además hace referencia a las “teorías del aprendizaje” teniendo en cuenta lo negativo que aprendemos sobre nosotros mismos ante estas circunstancias traumáticas, condicionando así nuestro comportamiento futuro. Trabaja las emociones dándole a éstas la importancia que se merecen dentro de la psicoterapia, como ya apuntaron Greenberg y Paivio (2007). Y finalmente, introduce las sensaciones corporales, fundamentales en otras psicoterapias.
Al comentar las ventajas de la Psicoterapia EMDR con otros colegas que llevan años aplicando este procedimiento entiendo porque ellos también en su día buscaron alternativas de tratamiento para ciertos casos clínicos en los que otras técnicas no eran suficientes, por no ser tan integradoras.
En la práctica clínica de la psicoterapia EMDR hay que seguir una serie de pasos muy bien estandarizados y cumplir con los protocolos de actuación establecidos. En primer lugar, cómo en todas las terapias, hay que atender las necesidades emocionales del paciente y saber cuál es el motivo por el que acude a consulta. Después establecer una buena relación con el o la paciente, para afianzar la alianza terapéutica, en EMDR es fundamental informarle también de las bases que sustentan esta psicoterapia, mediante ejemplos, metáforas, dibujos…etc. Adaptando nuestro lenguaje al del paciente. Para saber cómo funciona EMDR el/la paciente tiene que saber cómo funciona un cerebro “normal” y un cerebro con algún tipo de “trauma”. Lo explicaré esta vez con un ejemplo, cómo se lo explicaría a los pacientes en consulta: Cuando un estímulo “olor a quemado” llega al cerebro, en primer lugar activa una de las estructuras internas del cerebro, la amígdala, una parte de nuestro cerebro primitivo, ante este estímulo un “cerebro normal” se activa, pero automáticamente se desactiva ante la idea “que la vecina me dijo que iba a hacer cocido, se le habrá quemado”, ésta información llega a otra parte del cerebro, al córtex cerebral, que por recorrido tarda un poco más de tiempo. Simplificando el proceso un cerebro “normal” integra la información de una parte y de otra, ambas partes del cerebro están conectadas. Pero qué pasaría por ejemplo: “si he sido víctima de un incendio” y no he integrado esta información. La respuesta a esta pregunta siguiendo con el ejemplo sería: “Que al oler a quemado” automáticamente mi amígdala estaría muy activada, incluso “engrosada como si le hubiera picado una avispa”, cualquier cosa relacionada con ese hecho “que la roce”, por seguir con la comparación, me “hace ver las estrellas”, automáticamente la respuesta del sujeto “es salir corriendo calle abajo” aunque al rato reflexione y me pregunte ¿cómo he podido salir corriendo?, ¿qué me ha pasado?... La primera reacción es huir (respuesta de escape). Esto no significa que la amígdala esté siempre muy activada, se activaría ante situaciones parecidas o similares a la situación traumática, un “olor parecido” o “un color” que me recuerde esa situación.
Esta explicación le va a permitir al o la paciente empezar a buscar sus recuerdos perturbadores, para un paciente estas situaciones o recuerdos no son fáciles de identificar porqué no son siempre hechos tan gráficos, muchas veces están en amnesia o se ha producido una disociación o ambas, porque como nos trasmite González (2010) el hecho es demasiado duro de asimilar y la mente lo olvida o disocia por no ser capaz de aguantar tanta carga emocional.
También es necesario informar al sujeto que a estos hechos traumáticos se suelen asociar cogniciones negativas sobre uno mismo que se aprenden en esas situaciones. EMDR trabaja los recuerdos “en la línea de vida” (Shapiro, 2004) junto con las cogniciones negativas que el sujeto ha adquirido sobre sí mismo, además trabaja las sensaciones corporales y las emociones asociadas al evento o eventos traumáticos.
En la práctica clínica nos encontramos con casos bastante complicados en los que hay que trabajar con psicoeducación durante muchos años antes ni siquiera de hablarle al o la paciente de la terapia EMDR, tenemos también que estabilizar antes de entrar en un terreno, el de sus emociones, en el que puede surgir una “abreacción” para la que no está preparado en ése momento y podemos incluso puede poner en riesgo su vida.
Hensley (2010) relata una serie de técnicas de estabilización del Paciente narradas en la bibliografía de EMDR, estas técnicas son: “El chorro de luz” (Shapiro, 1991), (Hesley, 2010). “El ejercicio de enraizamiento” (Hesley, 2010) en el que se utiliza también la respiración con una serie de instrucciones cómo: “…absorba la energía de la tierra…” (Hesley, 2010). Y “el anclaje en el presente” (Hesley, 2010) que pretende que el paciente se sitúe en el presente, frente al pasado y al futuro. Encuentro similitudes del “anclaje en el presente” con “Mindfulness” (concepto psicológico que tiene su origen en el budismo, extendido por Jon Kabat-Zin en nuestra cultura), al situar al sujeto en “el aquí y el ahora” mediante la “atención plena” centrada en el presente. El objetivo de ambas técnicas es el mismo, aunque difieran en el procedimiento.
Por lo tanto, dependiendo de la complejidad del caso podremos aplicar o no el protocolo estándar de EMDR, un protocolo que consta de ocho fases, la más conocida de ellas es la desensibilización de los recuerdos traumáticos. Normalmente se van a reprocesar los recuerdos traumáticos siguiendo el orden cronológico en que han ocurrido, partiendo del pasado, una vez procesados los recuerdos pasados, se procesan los disparadores presentes, y finalmente posibles situaciones futuras de riesgo relacionadas con el motivo de consulta. En otras ocasiones, no podremos aplicar éste protocolo y tendremos que hacer alguna adaptación o cómo nos expone muy bien González (2010) al hablarnos de los trastornos disociativos, nuestro trabajo será muy diferente al abordar “el trauma complejo” (González, 2010) y “tendremos que incorporar nuestras estrategias psicoterapéuticas dentro del esquema general de EMDR”. (González, 2010)
Siguiendo con el procedimiento, lo primero que debemos hacer en consulta para saber si podemos aplicar éste protocolo estándar es evaluar si existe disociación, podemos emplear un cuestionario de evaluación sencillo, como el DES II (Carlson y Putnam, 1993). Atendiendo a la particularidad de cada caso, hay que tener en cuenta que hablamos de la práctica clínica y en ella nos encontraremos casos con disociación en los que el sujeto si podrá reprocesar los recuerdos con protocolo estándar. Cada caso clínico es único aunque el estudio de estas semejanzas y diferencias siente las bases de la psicología diferencial.
Nuria Montero Psicoterapeuta EMDR y Psicóloga Sanitaria.

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