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Cocaína, uso y abuso

Consumir coca en forma de hojas masticadas es una práctica tradicional muy común en América del Sur. Su función es adaptógena: reducir el cansancio y la sensación de hambre y anestesiar el cuerpo para eliminar la sensación de frío. Cuando a mitad del siglo XIX se aisló el alcaloide cocaína, empezó a utilizarse como medicación en el tratamiento de los pacientes con adicción a la morfina, pero los resultados no fueron los esperados ya que la cocaína era capaz de generar asimismo adicción.

La coca se puede tomar de distintas formas: hojas de la planta masticadas, polvos de clorhidrato de cocaína por vía nasal o inyectados, crack para fumar o mezclada con heroína. El modo más rápido de absorción de la cocaína es fumándola, ya que pasa de los pulmones al cerebro en segundos.

No todos los usuarios hacen un uso crónico de la cocaína. Algunos usuarios son consumidores de fines de semanas, fiestas, u otros consumos ritualizados, aunque a veces lo hacen a dosis altas y puede producirse, tras este tipo de consumo, un síndrome de abstinencia que puede durar varios días. Por su parte, quienes hacen un consumo crónico de cocaína, lo hacen diariamente o casi a diario y en dosis moderadas o altas, a lo largo del día o en un segmento de tiempo determinado. Con el paso del tiempo, aparece el fenómeno de la tolerancia y la necesidad de incrementar las dosis, llegando al punto en que los efectos placenteros se ven reducidos y la prioridad del consumo es para evitar el displacer del síndrome de abstinencia.
El consumo de cocaína produce euforia, inestabilidad emocional, megalomanía, hipervigilancia, agitación psicomotriz, insomnio, hipersexualidad, tendencia a la agresividad, anorexia, deterioro de la capacidad de juicio, etc… Para aliviar los efectos indeseables de la intoxicación por cocaína, el consumidor abusa también de otras sustancias como alcohol u otras drogas sedantes.

En cuanto a los efectos producidos por la abstinencia de cocaína, hay que hacer referencia a los siguientes trastornos: irritabilidad, depresión, falta de placer y motivación, ideación paranoide, dificultades en la atención y en la memoria, pérdida de energía y aislamiento social.

El síndrome de abstinencia de la cocaína tiene como características principales: disforia, dolores gastrointestinales, deseo intenso de volver a consumir la sustancia, tristeza, trastornos del sueño, somnolencia, etc…Algunos teóricos defienden que hay una relación entre el consumo de cocaína y una estructura de personalidad depresiva, sugiriendo que el consumo de cocaína sería un intento fallido de automedicación.

La cocaína produce un elevado grado de dependencia psicológica y muy poca dependencia física. Aunque el síndrome de abstinencia no deja secuelas físicas, trastornos como la disforia y la falta de energía y de placer, pueden prolongarse en el tiempo. Este hecho puede llegar a facilitar la recaída pues el consumidor tiene muy presentes los beneficios eufóricos que produce la cocaína.

Las complicaciones físicas que produce el consumo crónico de cocaína son: alteraciones cardiovasculares (arritmias, infartos agudos de miocardio, ictus), alteraciones neurológicas (convulsiones, vasculitis cerebral, cefaleas), complicaciones respiratorias (perforación del tabique nasal, hemorragia pulmonar), fallos renales, disfunción eréctil…

Por su parte, el consumo agudo o crónico de cocaína puede producir depresión, paranoia transitoria, psicosis y alucinaciones.

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